Entender tu pelo es el primer paso para cuidarlo

El cabello

Tu pelo es una parte esencial de ti. Además de expresar tu imagen y tu identidad, cumple una función biológica clave: te protege de agentes externos, te ayuda a mantener la temperatura corporal y refleja tu estado de salud.

Cada cabello nace dentro del folículo piloso, una estructura viva que trabaja de forma cíclica para mantener el crecimiento continuo del cabello. En su base se encuentra el bulbo piloso, donde las células se multiplican, se llenan de queratina y forman el tallo capilar al ser empujadas hacia arriba. El crecimiento depende de la actividad tanto de estas células como de la papila dérmica, que contiene vasos sanguíneos encargados de aportar oxígeno, nutrientes y hormonas que regulan cómo y cuánto crece el pelo. Alrededor del folículo piloso se sitúan las glándulas sebáceas, responsables de producir sebo, que hidrata y protege el cabello.

Así es como nace y crece tu pelo: desde la raíz hasta la fibra capilar que ves cada día.

El ciclo natural del cabello

El cabello no crece sin parar: su crecimiento depende del folículo piloso, que sigue un ciclo natural en el que cada pelo crece, descansa y finalmente se cae para dejar paso a uno nuevo. Gracias a que cada folículo se encuentra en una fase distinta del ciclo, el pelo se renueva constantemente y no lo perdemos todo a la vez.

Fase ANÁGENA
(Crecimiento)
Fase CATÁGENA
(Transición)
Fase TELÓGENA
(Reposo y caída)
Dura entre 2 y 8 años. Es la etapa activa del ciclo, cuando el cabello se forma y crece gracias a la actividad del folículo piloso. Cuanto más dure esta fase, más largo puede crecer tu cabello.
Dura de 2 a 3 semanas y marca el final del crecimiento del cabello. El folículo se encoge, deja de alimentarse a través de la papila dérmica y comienza a retraerse hacia la superficie de la piel.
Dura entre 2 y 3 meses. El folículo descansa y el cabello se mantiene adherido hasta que finalmente se desprende —lo que se conoce como fase exógena—, dando paso al crecimiento de un nuevo cabello.

Fase ANÁGENA
(Crecimiento)

Dura entre 2 y 8 años. Es la etapa activa del ciclo, cuando el cabello se forma y crece gracias a la actividad del folículo piloso. Cuanto más dure esta fase, más largo puede crecer tu cabello.

Fase CATÁGENA
(Transición)

Dura de 2 a 3 semanas y marca el final del crecimiento del cabello. El folículo se encoge, deja de alimentarse a través de la papila dérmica y comienza a retraerse hacia la superficie de la piel.

Fase TELÓGENA
(Reposo y caída)

Dura entre 2 y 3 meses. El folículo descansa y el cabello se mantiene adherido hasta que finalmente se desprende —lo que se conoce como fase exógena—, dando paso al crecimiento de un nuevo cabello.

¿Sabías que el secreto de un cabello fuerte y denso está en el equilibrio?

Cuando tu ciclo capilar está en equilibrio, la mayor parte de tu cabello está creciendo y solo una pequeña parte se cae de forma natural. El folículo piloso cuenta con las condiciones óptimas para que cada cabello nazca con fuerza, cumpla su tiempo de vida y sea reemplazado por otro igual de sano y resistente.

hasta el 10% del cabello en caída (fase telógena) hasta el 90% del cabello en crecimiento
(fase anágena)
hasta el 1% del cabello en transición (fase catágena)

hasta el 90% del cabello en crecimiento (fase anágena) hasta el 1% del cabello en transición (fase catágena) hasta el 10% del cabello en caída (fase telógena)

Cuando se rompe el equilibrio, tu pelo se cae más de lo normal

Cada día perdemos entre 50 y 100 cabellos. Y eso está bien: forma parte del funcionamiento natural del ciclo capilar. Pero cuando algo lo altera, ese ciclo se desequilibra y se acorta: el folículo deja de recibir lo que necesita, el pelo nuevo nace más débil y hay menos cabellos en fase de crecimiento y más en fase de caída.

1

El folículo se queda
sin lo que necesita

  • Menor riego sanguíneo
  • Menos oxígeno
  • Menos nutrientes
  • Exceso de hormonas
  • Más sebo acumulado

2

El ciclo capilar se altera

Cada cabello nace más débil, crece menos tiempo y cae antes de lo normal.

3

Lo notas por fuera

El cabello se ve menos denso y más frágil.

1 El folículo se queda sin lo que necesita: -Menor riego sanguíneo -Menos oxígeno -Menos nutrientes -Exceso de hormonas -Más sebo acumulado 3 Lo notas por fuera: El cabello se ve menos denso y más frágil Cada cabello nace más débil, crece menos tiempo y cae antes de lo normal El ciclo capilar se altera: 2

Causas de la caída
capilar

La caída del cabello es la señal visible de desequilibrios internos y/o externos. No hay una única causa responsable, sino que esta puede deberse —y muy a menudo se debe— a la combinación de varios factores que afectan el funcionamiento del folículo piloso y alteran el ciclo natural del cabello. Algunas causas provocan una caída capilar transitoria; otras, una caída capilar crónica.



Los andrógenos , como la testosterona y su derivado más activo, la dihidrotestosterona o DHT, son los principales reguladores del crecimiento del cabello.

En el folículo piloso, la enzima 5-alfa reductasa convierte la testosterona en DHT. Esta transformación es un proceso natural del organismo: la DHT tiene una acción biológica más potente y regula funciones como la producción de sebo o la actividad celular del folículo.

El problema surge cuando hay un aumento en los niveles de DHT o cuando los folículos son más sensibles a su acción. En esas condiciones, el ciclo capilar se altera: el cabello pasa antes a fase de caída, el folículo se miniaturiza y los nuevos cabellos nacen más finos y débiles. Este es uno de los mecanismos hormonales más característicos de la caída capilar crónica ligada a la predisposición genética.

Otros cambios hormonales en etapas vitales también influyen en el cabello. Durante el embarazo, los estrógenos prolongan la fase de crecimiento y el pelo se ve más fuerte; tras el parto, la caída brusca de estas hormonas provoca una caída capilar transitoria; en la menopausia, la reducción de estrógenos y progesterona disminuye su efecto protector y el folículo queda más expuesto a la acción de los andrógenos.

En todos los casos, el denominador común es el mismo: un desequilibrio hormonal que altera el funcionamiento normal del folículo piloso y se refleja en una pérdida de densidad capilar.


La genética es uno de los factores más determinantes en la salud del cabello. Diversos estudios muestran que entre un 40 y 50% de las mujeres con pérdida de densidad capilar tienen antecedentes familiares de este mismo problema, especialmente cuando aparece de forma temprana.

La investigación científica ha demostrado que esta predisposición no depende de un solo gen, sino que es el resultado de una herencia poligénica en la que intervienen varios genes y que se manifiesta con distinta intensidad según la persona. Esto hace que algunos folículos sean más sensibles a la acción de las hormonas andrógenas, en especial a la dihidrotestosterona (DHT). Como consecuencia, el folículo se debilita, los cabellos nuevos nacen más finos y el ciclo de crecimiento se acorta.

En resumen, la genética no provoca la caída capilar por sí sola, pero sí determina el grado de sensibilidad del folículo piloso. Por eso, cuando existe predisposición heredada, los desequilibrios hormonales tienen un mayor impacto en la salud y el volumen del cabello.


La forma en que vivimos —lo que comemos y los hábitos que mantenemos— puede afectar al cabello.

El folículo piloso es un tejido muy activo que necesita un aporte constante de proteínas, vitaminas y minerales. Dietas muy restrictivas, pérdidas de peso rápidas o déficits nutricionales —como la falta de hierro, zinc, aminoácidos esenciales o vitamina D— pueden debilitar el cabello, acortar su fase de crecimiento y favorecer su caída.

Dormir menos de lo necesario o tener noches de mala calidad también está relacionado con mayor riesgo y gravedad de la caída capilar. En estudios clínicos, dormir ≤ 6 horas se asocia con aproximadamente 2,16 veces más riesgo de caída capilar severa, y malas puntuaciones de calidad del sueño (PSQI) también se vinculan con signos más intensos.

Estos hábitos diarios pueden actuar como desencadenantes o agravantes de la caída capilar, mientras que una dieta equilibrada y un buen descanso pueden ayudar a mantener tu pelo sano y fuerte.


El cabello también está expuesto a los efectos del entorno. La contaminación ambiental y la radiación ultravioleta (UV) son dos de los factores externos más estudiados por su relación con la caída capilar.

Ambos favorecen la formación de radicales libres, unas moléculas muy reactivas que, cuando se acumulan en exceso, generan lo que se conoce como estrés oxidativo, un fenómeno que daña las células del folículo piloso y acelera la caída del cabello.

Nuestro organismo dispone de defensas naturales (antioxidantes) para neutralizar los radicales libres, pero cuando el equilibrio se rompe, es decir, estos superan nuestra capacidad antioxidante, el folículo piloso se ve afectado:

  • Aumenta la destrucción celular.
  • El ciclo de vida del cabello se acorta (los cabellos pasan antes de la fase de crecimiento a la de caída).
  • El pelo se vuelve progresivamente más fino, frágil y quebradizo.


Nuestro cabello también refleja nuestro estado emocional.

La ciencia ha demostrado que las mujeres con altos niveles de estrés tienen hasta 11 veces más probabilidades de sufrir caída capilar que aquellas sin este antecedente.

Cuando pasamos por épocas difíciles —con ansiedad, preocupaciones o estrés prolongado—, el cuerpo libera más cortisol, la hormona del estrés. Si los niveles de cortisol se mantienen elevados, se altera el funcionamiento normal del folículo piloso y el ciclo capilar se desequilibra:

  • El cabello pasa antes de la fase de crecimiento (anágena) a la de caída (telógeno).
  • Disminuye la producción de proteoglicanos, moléculas esenciales que protegen y estimulan el crecimiento capilar.
  • La raíz del cabello se vuelve progresivamente débil.
Por eso, en momentos emocionales complicados es frecuente notar cambios visibles en la densidad y el volumen del cabello.


Con el paso de los años, la fase de crecimiento del cabello (anágena) se acorta y la proporción de folículos en esta fase también disminuye. Esto hace que los nuevos cabellos crezcan más finos y débiles.

El envejecimiento, además, nos expone a experiencias físicas y emocionales que pueden favorecer la caída capilar. Los cambios hormonales propios de etapas como la menopausia, junto con la predisposición genética, hacen que este proceso sea más evidente con el tiempo.

A ello se suman factores de salud y estilo de vida que se vuelven más habituales en la edad adulta —como enfermedades crónicas, déficits nutricionales, estrés o falta de descanso— y que influyen en la calidad y el volumen del cabello.

La edad, por lo tanto, actúa como un factor que acelera el debilitamiento natural del folículo piloso y contribuye a que el cabello pierda fuerza y densidad progresivamente.

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